Alimentación

Alimentación y nutrición en el adulto mayor

Los años pueden pasar factura incluso en la mesa. De hecho, algunos mayores muestran carencias nutricionales llamativas porque hacen una dieta mal equilibrada y poco adecuada para su edad. Conocer sus necesidades alimenticias es el primer paso para paliar el problema y mejorar su salud y calidad de vida.

La alimentación ideal para personas mayores

Una alimentación variada y equilibrada, que se aproxime a la dieta mediterránea, es la manera más saludable de comer, más allá de géneros y edades. Sin embargo, en cada etapa de la vida, las necesidades nutricionales no son exactamente las mismas, porque el organismo cambia con los años, ofrece nuevas demandas y sufre determinadas carencias.

Por todo ello, la dieta de los ancianos debe mantener algunas pautas básicas y hacer frente no sólo a un desgaste corporal propio de la edad, sino también a las transformaciones en los hábitos de vida que se producen.

En España, y tal y como afirman los expertos en nutrición gerontológica, los mayores están, en general, bien alimentados. Estos datos se confirman en el caso de los que viven con familiares o en residencias, pero no está tan claro cuando se trata de personas que viven solas o sufren algún tipo de incapacidad. En estas situaciones, el riesgo de malnutrición se incrementa de forma alarmante.

Durante la vejez, el organismo está sometido a distintas modificaciones. La primera es que la masa magra disminuye, aumentando el porcentaje de grasa corporal. De la misma forma se produce un descenso de la masa ósea, que en las mujeres comienza tras la menopausia.

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A esto se suman cambios sensoriales en el olfato y el gusto: su agudeza desciende y es más difícil apreciar el aroma y el sabor de muchos platos, aspecto que influye directamente en el apetito.

Por eso, no son pocos los mayores que prefieren las comidas muy condimentadas. Además, surgen transformaciones hormonales y metabólicas que también afectan al apetito, así como una absorción más pobre de minerales esenciales como el hierro y el calcio, y de vitaminas como la B12.

Una cuestión que tampoco hay que olvidar es que muchos mayores tienen problemas dentales, han perdido piezas y deben utilizar prótesis, lo que se relaciona íntimamente con la facilidad o la dificultad para comer.

Otro asunto importante tiene que ver con una correcta hidratación. Los ancianos pierden parte de su capacidad para sentir sed y dejan de beber agua y otros líquidos porque simplemente no les apetece.

Los cambios en el organismo

Todas estas características y cambios del organismo precisan, en primer lugar, una alimentación con horarios regulares, variada y apetitosa, para que la sensación de hambre se vea estimulada. Debe estar compuesta de frutas y verduras, así como de productos lácteos -quesos tiernos, yogures- que provean al organismo de un aporte de calcio correcto.

Es cierto que algunos mayores vuelven a las costumbres nutricionales infantiles, rechazando este tipo de alimentos; pero también resulta imprescindible que los consuman. El pescado y los huevos han de proporcionales las proteínas que necesitan, mientras que deben controlar el consumo de carne, sobre todo la rica en grasa.

Además de que su abuso no es sano a ninguna edad, los ancianos tienen un desgaste energético menor que un joven o un niño, por lo que el riesgo de padecer obesidad se incrementa. Es mejor que el aporte energético proceda de cereales y pastas, y también de los frutos secos.

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En cuanto al consumo de líquidos, resulta fundamental que se haga de forma regular. No hace falta que sea exclusivamente agua: pueden beber zumos de frutas y hortalizas, y también infusiones con un poco de azúcar.

Como no conviene que tomen mucha sal, ya que aumenta la retención de líquidos y está contraindicada para la hipertensión, se pueden preparar los platos con hierbas aromáticas y otros condimentos que los hagan atractivos a la vez que saludables.

Recomendaciones a tomar en cuenta

Si el anciano está sano y no toma medicación que lo contraindique, puede beber un vaso pequeño de vino en las comidas. Tampoco está de más que consuma dulces de forma moderada, ya que el azúcar es el alimento del cerebro y está demostrado que incrementa funciones cognitivas como el aprendizaje y la memoria, a la vez que mejora el estado de ánimo.

Muchos mayores se encuentran inapetentes porque se deprimen. En este sentido y más allá de una dieta saludable, es básico que se relacionen con familiares y amigos, y mantengan una mínima actividad física. Dar un paseo diario permitirá también que no acumulen kilos de más y que alivien procesos óseos y musculares relacionados con el paso de los años, como la artrosis.

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